martes, 13 de abril de 2010

Micropolítica y bibliotecas universitarias


Hace años Birdsall (1) postulaba la necesidad de una economía política de las bibliotecas por cuanto éstas "son creación e instrumento de políticas públicas derivadas de procesos políticos". Cuando esos procesos políticos tienen lugar en el seno de organizaciones individuales, estamos ante la "micropolítica" que Mott Linn (2) define como "el uso del poder formal e informal por individuos y grupos para alcanzar sus objetivos dentro de una institución". La política entendida como ejercicio de poder (politics) es, pues, consustancial a la política como curso de acción (policy).

Quienes trabajamos en universidades sabemos bien que en ellas la micropolítica está a la orden del día y que tiene una honda repercusión sobre sus bibliotecas. Al ser parte de organizaciones "micropolitizadas", las bibliotecas universitarias ven cómo los criterios técnicos de su gestión pueden quedar condicionados y/o modificados por planteamientos políticos. Es manifiesto el influjo de la política sobre cuestiones de gestión bibliotecaria que, en principio, requerirían de soluciones técnicas: el balance descentralización/centralización, la gestión de sus recursos humanos, los repartos del presupuesto para adquisiciones bibliográficas entre los Departamentos, la estructura organizativa y hasta la política de préstamo. En semejante situación, la exigencia que pesa sobre los responsables de las bibliotecas de desarrollar una gestión eficaz y eficiente puede quedar un tanto mediatizada. ¿Qué hacer? De entrada, tratar de conocer y comprender el entorno micropolítico...

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A escala general, Mark Moore (3) recomienda a los directivos o gestores públicos ocuparse también de la gestión política. En el campo de las bibliotecas universitarias, Elteto y Frank (4) hablan de la necesidad de una biblioteca "astuta" que sea consciente de las realidades e incertidumbres del contexto político. Si bien el concepto de astucia tiene ciertas connotaciones de sigilo en cuanto a los trucos y argucias empleados, Linn nos ofrece algunas pistas para que las bibliotecas traten de desenvolverse en el mundo de la micropolítica universitaria. En concreto habla de las cuatro "P" de la micropolítica: performance, perception, power assessment y partnerships. Sobre la primera "p", la performance, cita un estudio desarrollado en la Universidad de Illinois por Salancik y Pfeffer (5) que concluía que las unidades que más poder alcanzaron fueron aquellas que mejor proporcionaron a la organización los recursos que ésta más valoraba y precisaba para su funcionamiento (performance). Como tales recursos citan el número de alumnos, el prestigio o el volumen de subvenciones y contratos externos. Sin embargo, el propio Linn es taxativo cuando dice que "aunque una unidad pueda ser importante para el funcionamiento de su organización, carece de valor político si su contribución es invisible", de ahí la importancia de la segunda "p" (la percepción).

El prestigo sigue siendo, desde luego, uno de esos recursos valiosos que precisa cualquier universidad. Si hasta hace poco las bibliotecas contribuían a él mediante el tamaño de sus colecciones, hoy parecen haber surgido otras fuentes de prestigio que ofrecer a la universidad: certificaciones y premios, proyección exterior, innovación tecnológica... Muestra de ello es el interés del Anuario de REBIUN por poner "bajo vigilancia" aspectos como los reconocimientos externos, los cursos impartidos en el exterior y, más recientemente, el número de sugerencias realizadas formalmente por el personal y el número de sugerencias realizadas por el personal respondidas formalmente.

Junto a la necesidad de explorar nuestro entorno con objeto de determinar cuáles son los recursos que nuestra universidad más valora, creo que es asimismo necesario reparar en quienes son los actores que tasan el valor de esos recursos. Esto nos lleva directamente al tema de los stakeholders entre los que, aparte de los poderes formales (equipos de gobierno, gerencias y Administraciones educativas), aparecen otros, menos formales, que también condicionan el funcionamiento de la biblioteca y que, en el ejercicio de su poder, suelen hacer de la biblioteca un tema micropolítico. Debido a ello, una biblioteca astuta (micropolíticamente hablando), debe ser también consciente de las relaciones y contrapesos que existen entre los stakeholders que ejercen el poder (formal e informal) en la universidad.

(1) W.F.BIRDSALL, "A Political Economy of Librarianship", Hermès: revue critique, 6 (2000)
(2) M.LINN Jr, "Politics: the art of the possible", The Bottom Line: Managing Library Finances, 22, 1 (2009), pp. 16-20
(3) M.H.MOORE, Gestión estratégica y creación de valor público, Paidós, 1998.
(4) S.ELTETO and D.G.FRANK, "The Politics of Survival in The Postmodern Library", Portal: Libraries and the Academy, 3, 3 (2003), pp. 495-401
(5) G.SALANCIK and J.PFEFFER, "The bases and use of power in organizational decision making: the case of a university", Administrative Science Quarterly, 19, 4 (1974), pp. 453-473.

IMAGEN: "Keeping the balance", de
Frits Ahlefeldt-Laurvig, www.flickr.com/photos/hikingartist/3009540273/

miércoles, 10 de marzo de 2010

Los powerpoint y los higos silvestres




Hojeando un sencillo diccionario de français-espagnol/español-francés (1) que compré a mi hijo pequeño para el colegio, me topé con un apéndice que incluía los modelos de conjugación de 92 verbos irregulares españoles. Junto a los verbos de uso habitual aparecían algunos cuya presencia me causó estupefacción, cuando no hilaridad. Por ejemplo, 'descafeinar' (¿para qué quiere un estudiante de francés/español saber cómo se conjuga el verbo 'descafeinar'?). Aunque el apéndice recoge otros verbos de dudosa utilidad práctica (amohinar, ahincar, empeller, muñir, agorar, desosar...), creo la palma se la lleva el verbo 'cabrahigar' (que curiosamente no figura entre las definiciones que trae el diccionario). Yo cabrahígo, tu cabrahígas, el cabrahíga, nosotros cabrahigamos, vosotros cabrahigáis, ellos cabrahigan... ¿Qué rayos es cabrahigar? ...

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Según el DRAE, cabrahigar es "colgar sartas de higos silvestres o cabrahígos en las ramas de las higueras, con lo cual se cree que, por mejor fecundación, los frutos de estas serán más sazonados y dulces". A la vista del significado creo que, en efecto, su utilidad es más bien baja, no sólo para los estudiantes de francés/español (sobre todo para los de espagnol), sino para el común de los mortales.

Mientras me preguntaba qué motivos habrían impulsado a no sé quien a incluir este verbo en el pequeño diccionario que se autodefine como "esencial", esa idea de sartas de higos colgadas de las ramas con intención de mejorar su sabor, me hizo recordar los powerpoints de algunos cursos y presentaciones a los que he tenido ocasión de asistir. En sus críticas sobre el uso y el abuso del powerpoint, Edward Tufte (PowerPoint is Evil y The Cognitive Style of Powerpoint) señala que se tiende a hacer prevalecer el formato sobre el contenido y que el powerpoint acaba sustituyendo a la presentación en lugar de soportarla (la verdad es que - si me permite la boutade - hay muchos powerpoint insoportables). Una visión más matizada (y en español) es la de Sobrevivir al Powerpoint, de Juan Freire. En clave de humor recomiendo ver la actualización 2010 del desternillante vídeo (en inglés) de Life After Death by Powerpoint del humorista-ingeniero Don McMillan.

Si bien soy consciente de que aún me queda mucho que aprender sobre los secretos de la técnica y la estética del powerpoint, creo que es más importante la cuestión de su uso. Al respecto hay dos cosas que, como oyente/espectador de presentaciones, me fastidian bastante. En primer lugar, los ponentes que embuten todo lo que van a decir en "tropecientas" diapositivas y luego se dedican a leerlas en voz alta. En segundo lugar, los ponentes para quienes el powerpoint es el fin en lugar de un medio. En este caso parece como si, por el mero hecho de estar en powerpoint, el mensaje adquiere una existencia verdadera y suficiente sin que importen su rigor, relevancia o utilidad. A partir de ahí los powerpoint
se cabrahigan, es decir, se cuelgan de las ramas a ver si, con el tiempo, adquieren sentido, veracidad o, por lo menos, interés.

(1) Diccionario Esencial Français-Espagnol, Español-Francés, Vox, 2005

Imagen basada en la foto "Ficus carica", de Manuel M. Ramos, http://www.flickr.com/photos/_mm_/537316355/

sábado, 20 de febrero de 2010

Calidad decorativa


Hace días encontré un par de posts en el blog de Juan Carlos Alcaide que contienen dos frases que no quiero dejar en el olvido y que tienen que ver con una de mis áreas de interés y trabajo: la calidad y la satisfacción del cliente.

El primer post, titulado Lo que yo haría en economía, combina un breve análisis de las debilidades de la economía española y una propuesta de medidas para tratar de resolverlas. Como puente entre ambos bloques una frase contundente: "la calidad de nuestros servicios no ha sido, ni está siendo, la salida española de la crisis".... ¿Cómo puede ser esto - se pregunta uno - con la cantidad de invocaciones y declaraciones que tantas y tantas empresas y organizaciones del sector servicios dedican a la calidad? Si Alcaide está en lo cierto cabe dudar de si realmente la calidad interesa, de si realmente se entiende y/o de si realmente se orienta al cliente. Estas tres preguntas acaso se podrían resumir en una única cuestión: ¿realmente nos tomamos en serio la calidad?...

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Una posible respuesta a esta pregunta puede extraerse del segundo post al que he aludido al comienzo titulado Gestión de clientes: desesperante. Su planteamiento lo puedo resumir con un fragmento del post: "estoy cansado de que en hoteles de apariencia experiencial, me salude la televisión por mi nombre y me pongan Café del Mar (que me encanta esa música), pero se olviden de lo básico". Tras poner algunos ejemplos de esos "básicos olvidados", remata Alcaide su post con la otra frase que quiero conservar: "se cuida la decoración más que al cliente". Aunque la frase se refiera a los hoteles creo que posiblemente esto algo que también sucede (no siempre) con la práctica de la gestión de la calidad en muchas organizaciones de la Administración (incluidas las universidades): interesa más la calidad como decoración que la calidad como cuidado del cliente (y empleo deliberadamente el término "cuidado del cliente" en lugar del término estándar "atención al cliente"). A propósito de ello es recomendable la lectura del post La gestión de calidad en la Administración pública
(en el blog Administraciones en Red) y todos los comentarios asociados.

Foto: "Farolillos", de Aypexa / Jael Herrera, http://www.flickr.com/photos/aypexa/4361668675/